martes, 22 de noviembre de 2016

Pájaro del olvido

Pájaro del olvido 
jamás te tuve más cierto en mi memoria.

Vuelvo ahora
desde no sé qué sombra
al día helado del otoño en esta
ciudad no mía, pero al fin tan próxima,
donde el sol de noviembre tiene
la última dureza
de lo que ya debiera
morir.
            ¿Y es éste el día
de mi resurrección?

Las hojas arrastradas por el viento
apagan nuestros pasos.

Llego y ni siquiera sé muy bien quién llega
ni por qué fue llamado a este convite
tantos años después.

                                                              (Comparición) 

 José Ángel Valente


Mr. Beauboir (Robert Doisneau, 1950)

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Felicidad lograda

Henri Cartier-Bresson - Rome, Italy, 1951




Felicidad lograda, caminamos
por ti sobre un filo de espada.
Para los ojos eres resplandor que vacila;
para el pie, tenso hierro que se raja;
que no te toque, pues, quien más te ama.
Si llegas a las almas invadidas
de tristeza, iluminándolas, tu mañana
es dulce y turbadora como nidos en las molduras.
Mas nada paga el llanto de ese niño
cuyo globo se escapa entre las casas.


Eugenio Montale






jueves, 3 de noviembre de 2016

Sombras

Sombras de los días a venir

a Ivonne A. Bordelois

Mañana
me vestirán con cenizas al alba,
me llenarán la boca de flores.
Aprenderé a dormir
en la memoria de un muro,
en la respiración de un animal que sueña.
Alejandra Pizarnik

lunes, 31 de octubre de 2016

Estrellas




Cuando estés vieja y cansada, y vencida por el sueño,
Y dormitando junto al fuego tomes este papel,

Y lentamente leas, y sueñes con la dulce belleza
Que tus ojos tuvieron antaño, y también con sus sombras profundas.
Cuántos amaron tus momentos de alegre dulzura,
Y amaron tu belleza con amor sincero o falso,
Pero sólo un hombre amó en ti tu alma peregrina
Y también las tristezas de tu rostro cambiante.
Y cuando, inclinada junto a las barras candentes,
Murmures, con cierta tristeza, cómo el amor huyó
Y escapó allí arriba por los montes,
Y escondió su rostro entre un tropel de estrellas.

W. B. Yeats


Fig. 7. Cassiopeia, showing where a new star appeared in the year 1572. Flowers of the sky. 1879.




viernes, 14 de octubre de 2016

El pájaro de la felicidad

Muchas veces Joe se ha preguntado: "¿Habré tenido yo la suerte de cazar ese pájaro maravilloso de la felicidad, que todo el mundo asegura saber dónde anida, y que nadie, en último término, encuentra? ¿Será verdad que ha llegado la Fortuna como una pintada ave del Paraíso, o no será esta dicha extraordinaria más que un pájaro corriente, aletargado, que al último se me escapará, dejándome en las manos unas cuantas plumas de la cola?"

Pío Baroja, "El pájaro de la felicidad", Croquis sentimentales




Río Miño, Tui (octubre de 2016)

martes, 11 de octubre de 2016

Siempre volvía la primavera

"Con los pescadores y toda la vida del río mismo, las hermosas gabarras con su vida a bordo, los trenes de gabarras de los que tiraba un remolcador con chimeneas que se plegaban para pasar bajo los puentes, los grandes olmos en los muelles de piedra y los plátanos y en algunos puntos los álamos, y nunca me sentía solo paseando por el río. Con tanto árbol en la ciudad, uno veía acercarse la primavera de un día a otro, hasta que después de una noche de viento cálido venía una mañana en que ya la teníamos allí. A veces, las espesas lluvias frías la echaban otra vez y parecía que nunca iba a volver, y que uno perdía una estación de la vida. Eran los únicos períodos de verdadera tristeza en París, porque eran contra naturaleza. Ya se sabía que el otoño tenía que ser triste. Cada año se le iba a uno parte de sí mismo con las hojas que caían de los árboles, a medida que las ramas se quedaban desnudas frente al viento y a la luz fría del invierno. Pero siempre pensaba uno que la primavera volvería, igual que sabía uno que fluiría otra vez el río aunque se helara. En cambio, cuando las lluvias frías persistían y mataban la primavera, era como si una persona joven muriera sin razón.
En aquellos días, de todos modos, al fin volvía siempre la primavera, pero era aterrador que por poco nos fallaba". 

Ernest Hemingway, París era una fiesta


(Imagen: Berenice Abbott, Hands of Jean Cocteau, 1927)


La generación de las hojas

"Pero a estas preguntas hay que sonreírse y responder: "No puede estar sino donde toda realidad ha sido y será, en el presente y en lo que contiene".
Por consiguiente, en ti, preguntón insensato, que desconoces tu propia esencia y te pareces a la hoja en el árbol cuando, marchitándose en otoño pensando en que se ha de caer, se lamenta de su caída, y no queriendo consolarse a la vista del fresco verdor con que se engalana el árbol en la primavera, dice gimiendo: "No seré yo, serán otras hojas".
¡Ah, hoja insensata! ¿Adónde quieres ir, pues, y de dónde podrían venir las otras hojas? ¿Dónde está esa nada, cuyo abismo temes? Reconoce tu mismo ser en esa fuerza íntima, oculta, siempre activa, del árbol, que a través de todas sus generaciones de hojas no es atacada ni por el nacimiento ni por la muerte. ¿No sucede con las generaciones humanas como con las de las hojas?"

Arthur Schopenhauer, El amor, las mujeres y la muerte



Cerezos (Tui, octubre de 2016)


"Respondióle el preclaro hijo de Hipóloco: 

— ¡Magnánimo Tidida! Por qué me interrogas sobre el abolengo? Cual la generación de las hojas, así la de los hombres. Esparce el viento las hojas por el suelo y la selva, reverdeciendo, produce otras al llegar la primavera: de igual suerte, una generación humana nace y otra perece. Pero ya que deseas saberlo, te diré cuál es mi linaje, de muchos conocido. Hay una ciudad llamada Efira en el riñón de la Argólide, criadora de caballos, y en ella vivía Sísifo Eólida, que fue el más ladino de los hombres. Sísifo engendró a Glauco, y éste al eximio Belerofonte, a quien los dioses concedieron gentileza y envidiable valor. Mas Preto, que era muy poderoso entre los argivos, pues a su cetro los había sometido Zeus, hízole blanco de sus maquinaciones y le echó de la ciudad. La divina Antea, mujer de Preto, había deseado con locura juntarse clandestinamente con Belerofonte; pero no pudo persuadir al prudente héroe, que sólo pensaba en cosas honestas, y mintiendo dijo al rey Preto: [...]"

Homero, Ilíada, (canto VI)